
El hombro es la articulación con más movilidad del cuerpo, pero esa libertad tiene un precio: es extremadamente compleja. Cuando un paciente llega a la consulta con dolor, hay que determinar si estamos ante un problema de la estructura o un fallo en la función.
Dolor de hombro.
¿Por qué falla el engranaje?
El objetivo no es solo quitar el dolor hoy, sino evitar que vuelva. Para ello, combinamos:
1. Tratamiento del síntoma: Si hay una lesión estructural, aplicamos la mejor evidencia científica para repararla, con técnicas de medicina regenerativa principalmente.
2. Actividad física dirigida: No basta con reposo. Necesitamos reeducar tu escápula y fortalecer los músculos estabilizadores.
3. Análisis global: Si detectamos que la causa es una alteración mecánica en otra parte del cuerpo (como la mandíbula o la columna), trabajamos sobre ella.
Porque un hombro sano no es solo un tendón que no duele, es un complejo que funciona en armonía.
Las lesiones primarias: cuando el tendón es el protagonista
A veces, el problema reside directamente en el "hardware". El manguito rotador —el conjunto de tendones que mueven y estabilizan el hombro— puede sufrir lesiones primarias por desgaste degenerativo, traumatismos o sobrecargas agudas.
En estos casos, el rigor médico es clave: mediante pruebas de imagen y una exploración exhaustiva, evaluamos el grado de rotura o inflamación. Aquí, técnicas de medicina regenerativa o, en casos muy concretos, la cirugía, pueden ser la solución necesaria para reparar el tejido.
Como entiendo el cuerpo como una unidad biomecánica contínua y global, no me detengo en el hombro. Buscamos el origen real, que a veces está donde menos te lo esperas:
· Alteraciones biomecánicas: Una falta de movilidad en la columna dorsal o un mal apoyo plantar pueden modificar tu postura hasta "bloquear" el hombro.
· Conexión Oro-cráneo-braquial (Síndrome SPOD): ¡Incluso tu forma de morder influye! Una mala mecánica mandibular puede generar tensiones que se transmiten por las cadenas musculares hasta la escápula, alterando su estabilidad y provocando dolor de hombro.
Mi enfoque: reparar y reeducar
Discinesia escapular:
una base que se mueve
Sin embargo, en muchísimas ocasiones el tendón es solo la víctima. Para que el brazo se mueva bien, la escápula (“la paletilla”) debe estar perfectamente estable, es el punto de anclaje de la musculatura del manguito rotador.
Cuando existe discinesia escapular (una alteración en el movimiento coordinado de la escápula y de su estabilidad), el hombro pierde su centro. Imagina una grúa cuya base no está bien anclada al suelo: por muy fuerte que sea el brazo de la grúa, acabará cediendo. Si tu escápula no funciona, tu manguito rotador acabará sufriendo un roce innecesario que genera dolor. Mantener una escápula estable y biomecánicamente coordinada es una de las bases del tratamiento de las lesiones del hombro.
El cuerpo como un todo: orígenes a distancia

Cirugía de hombro.
El éxito no termina
en el quirófano
Es fundamental respetar las recomendaciones del cirujano, ya que cada hombro y cada reparación son diferentes. No hay dos pacientes iguales porque, como siempre digo, no hay que tratar resonancias, hay que tratar al paciente.
En mi opinión es importante acompañar al paciente en cada paso de estas primeras semanas, asegurándo que su tendón cicatriza con seguridad, pero sin permitir que tu hombro pierda la función y la movilidad que tanto nos ha costado recuperar.
El objetivo de la operación es que vuelvas a moverte, y ese movimiento empieza, con cuidado y rigor, desde el primer día.
Si hemos decidido que la mejor solución para tu lesión es una artroscopia, lo primero que debes saber es que la tecnología está de nuestro lado.
La artroscopia es un procedimiento mínimamente invasivo en el que, a través de pequeñas incisiones de apenas unos milímetros, introducimos cámaras de alta definición para trabajar con máxima precisión dentro de la articulación.
Sin embargo, para que el resultado sea excelente, el proceso postoperatorio es tan importante como la propia cirugía
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¿Sabías que mover el hombro de forma pasiva (sin que tus músculos hagan fuerza) ayuda a que el tendón cicatrice mejor?
Siguiendo las guías clínicas de referencia, el enfoque se basa en una progresión lógica:
•Los primeros días: Aunque lleves un cabestrillo para proteger la sutura, te enseñaremos pequeños movimientos pasivos. El objetivo es que el hombro "recuerde" que puede moverse, sin que el tendón que hemos reparado tenga que soportar ninguna carga.
•De la semana 1 a la 6: Iremos aumentando de manera dirigida y progresiva el rango de movimiento. En estas semanas, el trabajo debe de ajustarse a la cirugía, individualizando el proceso en función de cada caso. Pero como regla general, en esta fase movilidad pasiva ayuda a organizar las fibras de colágeno del tendón que se está curando, evitando que se formen adherencias innecesarias.
Un proceso guiado y con sentido
El equilibrio vital: proteger sin bloquear
Uno de los mayores miedos tras una operación de hombro es la rigidez, la pérdida de movilidad en el homrbo. Si dejamos el brazo totalmente inmóvil durante demasiado tiempo, los tejidos se "pegan" y recuperarlos es un proceso largo y costoso.
Por otro lado, si te mueves demasiado pronto o con demasiada intensidad, podemos poner en riesgo la sutura del tendón, que necesita su tiempo para la curación biológica.
La recuperación postoperatoria debe de huir del "todo o nada". No pasaremos de una inmovilización total a una actividad brusca de un día para otro. Buscamos el "término medio": proteger la reparación mientras mantenemos la articulación "viva".
La clave: la movilidad pasiva temprana

El dolor de espalda es, posiblemente, la consulta reina en traumatología. La mayoría de los pacientes llegan a la consulta con una carpeta llena de pruebas y una frase grabada a fuego: "Tengo una hernia" o "Tengo un disco desgastado".
Uno de mis objetivos como traumatólogo funcional es quitarte un peso de encima: tú no eres tu resonancia.
Es muy común ver hernias, protusiones o signos de discopatía (desgaste del disco) en las pruebas de imagen. Sin embargo, en muchísimos casos, estos hallazgos son solo "arrugas internas", señales del paso del tiempo o, lo que es más importante, traducciones de un problema biomecánico que está ocurriendo a otro nivel.
Si tratamos solo la hernia porque es lo que sale en la foto, estamos ignorando por qué el cuerpo ha decidido sobrecargar ese punto concreto.
Dolor lumbar.
¿Por qué tu resonancia no cuenta toda la historia?
Buscando el origen: el análisis funcional
El diagnóstico no se debe de basar es solo en leer el informe del radiólogo, sino analizarte a ti. El dolor lumbar suele ser la consecuencia de un sistema que ha perdido su equilibrio:
· Falta de estabilidad: Si los músculos profundos que sostienen tu columna no funcionan bien, el disco tiene que soportar una carga para la que no está diseñado.
· Compensaciones biomecánicas: A veces la espalda duele porque la cadera no se mueve lo suficiente o porque tu forma de caminar está obligando a la zona lumbar a trabajar el doble.
Solo cuando encontramos el origen real, podemos diseñar una solución que no sea un simple parche.
La solución: de pasivo a activo
En la traumatología tradicional, el reposo y la medicación suelen ser el estándar. Según lo veo yo, el enfoque de ser distinto, dirigido a:
Encontrar la causa: Realizamos un análisis global de tu movimiento y tu estabilidad.
Promover la actividad física dirigida: Esta es la pieza maestra. Para que tu espalda deje de doler, necesitamos mejorar su biomecánica y devolverle la estabilidad a través del ejercicio específico y controlado.
Técnicas complementarias: Podemos apoyarnos en la fisioterapia avanzada o en la medicina regenerativa para calmar la inflamación y tratar los síntomas, pero siempre como una ayuda para que tú puedas empezar a moverte mejor.
No debemos de dejar que dejes de moverte por miedo al dolor; debemos de conseguir que te muevas tanto y tan bien que el dolor no tenga motivos para volver.

Rotura del Ligamento Cruzado Anterior.
Mucho más que una cirugía: un proceso de retorno
Si determinamos que la intervención es necesaria, debes saber que el éxito de la operación se construye semanas antes de entrar al quirófano. Un buen plan preoperatorio es innegociable. Llegar a la cirugía con una rodilla que se mueve bien, sin inflamación y con una musculatura potente es lo que marca la diferencia en la rapidez de tu recuperación. El objetivo debe ser operar una rodilla preparada y fuerte, facilitando así todo el proceso posterior.
El Ligamento Cruzado Anterior (LCA) es la estructura central que da estabilidad a tu rodilla. Su rotura es, desgraciadamente, una de las lesiones más comunes en el mundo del deporte, especialmente en disciplinas que implican giros, saltos o frenazos bruscos, como el fútbol, el baloncesto o el esquí. Se estima que este tipo de lesiones afectan a unas 35 de cada 100.000 personas cada año, marcando un antes y un después en la vida del deportista.
El éxito empieza antes de la cirugía
La estabilidad manda: el paciente por encima de la imagen
Tener una rotura en el LCA no siempre significa terminar en el quirófano. Mi prioridad es entender cómo se comporta tu rodilla en el mundo real. No hay que tratar resonancias, hay que tratar al paciente. En roturas completas, es frecuente encontrar una rodilla inestable que "baila" o falla. Sin embargo, en roturas parciales, la rodilla puede mantener una firmeza sorprendente.
Por eso, la clave para decidir si operamos o no reside en evaluar esa estabilidad funcional y, sobre todo, en conocer tus expectativas. No es lo mismo el objetivo de un deportista profesional que el de alguien que busca caminar por la montaña con seguridad.
El camino hacia la recuperación: fases y tiempos biológicos
La recuperación de un cruzado es una carrera de fondo, no un sprint. Es fundamental respetar los tiempos del cuerpo para que el nuevo ligamento se integre correctamente:
Durante el primer mes, nuestro foco absoluto es proteger la rodilla, eliminar la inflamación y, sobre todo, recuperar la extensión completa mientras reactivamos el cuádriceps. A partir de ahí, y hasta los tres meses, trabajaremos para que vuelvas a caminar con total normalidad, retirando las muletas y empezando a ganar una base de fuerza sólida.
Entre el tercer y quinto mes, si la evolución es buena, introduciremos el impacto suave (como el trote en línea recta) y ejercicios de equilibrio y propiocepción. No es hasta el sexto o noveno mes cuando empezamos con ejercicios de agilidad, saltos y movimientos específicos de tu deporte.
Es vital entender que, aunque a los seis meses sientas la rodilla fuerte y estable, el proceso biológico no ha terminado. En deportes de impacto o competición, la recomendación actual basada en la evidencia científica es no volver antes de los 12 o 16 meses.
¿Por qué tanto tiempo? Porque no solo se trata de que el injerto "pegue" o el músculo crezca. Tu cerebro necesita tiempo para volver a integrar mecanismos neurológicos de control y reacción que se perdieron con la lesión. Hay que darle tiempo al cuerpo para que el injerto se transforme en un ligamento vivo y funcional. Respetar estos plazos es la mejor garantía para que tu vuelta al deporte sea segura y definitiva.











