Odontología
Funcional

Quizá llevamos demasiado tiempo dando cosas por sentado, dejándonos llevar por la inercia y perdiendo, en cierto modo, esa inquietud tan humana por discernir, discutir y cuestionar.

Este espacio pretende ser una ventana abierta a la reflexión, no un simple escaparate comercial. Es un intento de cambiar de paradigma.

Hace años sentí que algo no encajaba en la odontología que me enseñaron y que practicaba cada día. Tenía la sensación de poner parches: dedicaba todo mi tiempo a tratar los síntomas, no el origen de los problemas.

Entonces ocurrió algo inesperado. En 2016, mi hijo pequeño, Pablo, sufrió una patología que lo cambió todo.
Él es el motivo por el que nació esta web.

Hoy, la odontología funcional es para mí una auténtica filosofía de trabajo: un cambio de enfoque a la hora de diagnosticar que entiende la cavidad oral y todo el aparato estomatognático como parte integral del cuerpo, no como un sistema aislado.

Sin pensar únicamente en la estética, tan demandada, la odontología funcional prioriza la salud integral del paciente. Busca encontrar y corregir el origen de una patología oral que, en la mayoría de los casos, es la expresión final de un problema de base, casi siempre mecánico o funcional. Buscamos equilibrio oclusal, muscular, ligamentoso y articular, con una mecánica mandibular fisiológica. Respiración, masticación, deglución, postura, sueño y microbiota son algunos de los parámetros que valoramos como origen de una maloclusión, un bruxismo, un vértigo, una migraña tensional, una actitud escoliótica, un trastorno postural o una dismetría, por poner solo algunos ejemplos.

Llevo años centrado en la oclusión: leyendo artículos, estudiando las distintas escuelas y formándome con doctores reconocidos como Sadao Sato, Okeson, Aníbal Alonso, Mariano Rocabado, Slavicek o Lassman. Me llama la atención que, hoy en día, sigamos clasificando a los pacientes en términos de oclusión y maloclusión con una clasificación que tiene más de 125 años (Angle, 1899). Fue mejorada poco después (Lischer, 1911; Simon; Ackerman y Proffit, 1960), pero sigue haciendo referencia únicamente a la posición de los dientes: una clasificación puramente dentaria que deja fuera el resto de estructuras blandas del aparato estomatognático —músculos masticatorios, lengua, ligamentos— y que no contempla la mecánica articular en los tres planos del espacio, su conexión con la columna cervical, ni la función masticatoria, respiratoria y deglutoria como parte de la ecuación.

En 1964, el Dr. Pedro Planas empezó a hablar de algo diferente. Basándose en su experiencia clínica, cuestionó lo que se enseñaba entonces en la facultad y planteó la relación directa entre la función masticatoria, el equilibrio oclusal y la simetría de los ángulos funcionales masticatorios como vía de prevención de la maloclusión y para un correcto desarrollo de los maxilares. Su planteamiento no fue bien entendido y le costó dejar su plaza en la Universidad de Barcelona en 1981. Considerado el padre de la odontología funcional o RNO, publicó en 1987 su libro "Rehabilitación Neuro-Oclusal (R.N.O.)".

Yo lo leí en 2016, tras la maloclusión de mi hijo pequeño, y supuso un punto de inflexión en mi carrera. En mi opinión, debería ser lectura obligatoria para todos los odontólogos, pero lamentablemente sigue siendo un desconocido en la profesión. Desde aquí, mi reconocimiento y humilde homenaje a este hombre que, en 1964, tuvo la inquietud de pensar diferente, lo demostró clínicamente y luchó por ello.

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